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miércoles, 16 de junio de 2010

El instrumento de la transformación


Por Glafira Osorio Clark (*)


Para los países desarrollados, sólo hay un instrumento de posible transformación social: La educación. En los países subdesarrollados, sin embargo, esa visión objetiva se transforma en tabú y en dislocaciones ideológicas.

Todavía creemos que es con el esquema tributario, con el productivo y con el maquilador, como pueden estructurarse cambios positivos para los cambios en diversas comunidades.

México es uno de los países de la región, que más presupuesto destinan a la educación. Los resultados sin embargo, siguen siendo magros.


Hay comunidades rurales que tienen por maestros a jóvenes locales de tan sólo 12 o 13 años de edad. El Estado solidario se ha olvidado de ellos desde hace mucho tiempo.

Existen rezagos graves, como comunidades sin conectividad, por lo que su educación sigue operando en los márgenes de los años cincuenta.

Existen otros poblados en donde en un mismo salón, se imparten clases para el primero, para el tercero y para el sexo grado de primaria, y por supuesto, no hay escuela secundaria.

El sistema educativo actual premia la acumulación de información por encima de las facultades creativas de los individuos, porque en un régimen totalitario disfrazado de amplia democracia, es más sencillo contar con ciudadanos que repitan datos, en lugar de aquellos que son capaces de analizar críticamente una situación, y proponer escenarios creativos para una mayor productividad.

Individuos de esta clase son operativos en países con gran demanda de creatividad y por ende de productividad, pero no en un sistema anclado en los vicios y obstáculos de la honrosa medianía.

La educación de los países desarrollados fomenta el espíritu crítico en sus habitantes y la equidad por sobre todo, pero en nuestro país el sistema conductista es el marco teórico operacional de la mayor parte de los colegios auque su propaganda ofrezca prácticas constructivistas.

Mientras que en México las comunidades marginadas reciben mala educación y apenas rozando al nivel básico, en los países europeos con mayor crecimiento, la economía familiar no es un obstáculo, pues aún el ciudadano más pobre tiene derecho a educación pública de la mejor calidad, y está en las mejores condiciones de ser formado por su gobierno para luego servir a su comunidad.

Habrá que empezar sin duda, con el rubro de la equidad, con la profesionalización magisterial, y sobre todo, con una nueva visión sobre la importancia de la educación extramuros, aquella que por ser no formal e informal, no deja de incidir sobre la formación de los individuos.


Analista (*)

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